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23 de abril

23 de abril de 2020
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Hoy, 23 de abril, es el día de las letras españolas, el día del Idioma Español. Se conmemora la muerte de Miguel de Cervantes, un 23 de abril de 1616. Es curioso que ese mismo día también murió William Shakespeare, quizá también por eso sea el día internacional del libro. Hoy, de sobra nos acordaremos de nuestros libros, de nuestros escritores, de nuestros poetas. No hablaré de eso, hay gente que lo hace mejor que yo. Pero celebremos hoy también el día de las letras portuguesas. Pidamos que los escritores portugueses salgan de las estanterías de lengua extranjera en las librerías españolas. Lobo Antunes, que me impresionó con «Sobre los ríos que van», Fernando Pessoa, con su «Libro del desasosiego», «Estoy casi convencido de que nunca estoy despierto. No se si no sueño cuando vivo, si no vivo cuando sueño, o si el sueño y la vida no son en mí cosas mixtas…» –oro puro–, José Saramago, con «La balsa de piedra», fábula iberista, historia imposible de un continente ibérico, Luis de Camoes, el tuerto de Ceuta, por comparar con el manco de Lepanto, lugares Ceuta y Lepanto donde ambos perdieron ojo y brazo, y que escribió:

Amor é fogo que arde sem se ver, é ferida que dói, e não se sente; é um contentamento descontente, é dor que desatina sem doer.

¿No son todos ellos representantes de una cultura con alma doble?

Escribía Unamuno en un artículo titulado Español-Portugués que muchos escritores del siglo XVII, incluso del XVI, escribieron en castellano, Gil Vicente, Francisco Manuel de Melo… En una carta a un amigo portugués, el bilbaíno universal le dijo: «escribámonos cada uno en nuestra lengua, que en rigor y en el fondo son una misma».

Hoy es el día de la lengua española, que sea también el día de la lengua portuguesa. Dentro de poco, en junio, será el día de las comunidades portuguesas, también ese se celebra ese día la lengua portuguesa, como dice mi amigo João: «muito nunca é demais, não há duas sem três». Que así sea. Celebremos hoy y el diez de junio el iberismo hablado, recitado, el alma ibérica susurrada en negro sobre blanco, respirada en papel, tinta y cola, lo que viene a ser un libro. Sumemos pues cuatrocientos millones de hispano parlantes y los doscientos cincuenta millones de luso parlantes. Decía Pessoa, con su particular prosa, que no era posible una futura civilización portuguesa ni española, lo que sí es posible, es una futura civilización ibérica. Adelante, este es el momento.