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5 de mayo, día de las letras portuguesas.

5 de mayo de 2020
Tiempo de lectura: 2 minutos

Hoy es 5 de mayo, día de muchas cosas, pero específicamente día de la Lengua Portuguesa. El portugués tiene el mismo origen que el español, y probablemente el mismo destino. Cuántas veces he escrito que no me gusta que los textos de Pessoa, Saramago, Lobo Antunes estén en la estantería de libros extranjeros de las librerías. Si de rendir homenaje se trata, y si de decir qué letras portuguesas me gustan más, son las de Pessoa, quizá Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Alberto Caeiro… heterónimos todos de un mismo genio, máscaras de un mismo rostro, personalidades de una misma persona, que, además, según sesudos lingüistas se relacionan unos con otros, como amigos, como padre e hijo, como enemigos.

«Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.»

¿No es maravilloso? ¿Cómo ser tan poco siento tanto? ¿De quién es la idea de no estudiar en las escuelas españolas a este poeta, quizá uno de los grandes del siglo XX europeo?

Libro del alma sería el libro que una vez leído constituye una ganancia para el alma, y este es, para mí, El libro del desasosiego. ¿Almacén de lo impublicable? ¿Caja de recortes? Todo esto lo dijo él mismo. Pero El libro del desasosiego es la inquietante literatura de un escritor igualmente inquietante. De pronto nos encontramos con un Pessoa desdoblado, citándose a sí mismo, atacándose a sí mismo, de pronto un poema, de pronto una queja, un reproche, unas ganas de morirse después de una loa a la vida. Como toda la literatura de diarios, porque en el fondo El libro del desasosiego es una especie de diario, vuelves a él continuamente, y abres sus páginas encontrando algo más que mera literatura, encontrando la vida y desesperación de Pessoa, sus sueños, su tranquilidad y su intranquilidad, sus razones, su interminable pensamiento.

«Un barco parece ser un objeto cuyo fin es navegar; pero su fin no es navegar, sino llegar a un puerto. Nosotros nos encontramos navegando, sin la idea del puerto al que deberíamos acogernos. Reproducimos así, en la especie dolorosa, la fórmula aventurera de los argonautas: navegar es preciso, vivir no es preciso».

No podemos negar que es bello, aunque esté traducido, porque disfruto del Livro do desassossego traducido, en fin…

Pessoa decía en su poema Autopsicografía:

«O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente».

Dejemos que don Fernando, el poeta, se duela de nuestro dolor, es más finja ser el dolor que realmente sentimos.

Y, por si fuera poco, Fernando Pessoa era iberista. Qué más podemos pedir.