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Construir Iberia

15 julio, 2015
Tiempo de lectura: 2 minutos

¡Qué bonita ecuación se nos presenta! Hay que despejar la “equis”, e incluso alguna “y griega”, para poder llegar a entender este problema aritmético que aún no tiene respuesta. 

La pregunta del problema es ¿Por qué España y Portugal no son una sola nación? ¿Una federación fuerte y moderna? Pues bien. Nadie lo sabe. La historia ha querido que España y Portugal no se entiendan y que hoy conformen dos entidades independientes la una de la otra. 

El tema que se plantea es complicado y debería empezar a tratarse pero, ¡OJO!, una unión de España y Portugal no sería una trasnochada anexión pues ¿qué pensarías tú cómo español si otra nación se impusiera sobre ti en modo alguno? 

Seguramente no te gustaría, al igual que a nuestro vecino luso tampoco. He ahí la primera de los muros a derribar. Todos debemos renunciar a algo si queremos unir esfuerzos en un proyecto común que nos lleve a esa necesaria unión. Lo primero es vaciar la mente de prejuicios. Los portugueses deben entender que España es una sociedad abierta a la diversidad, multicultural y lejos de los cuentos chinos que sobre Castilla les han contado desde pequeños. 

Los españoles deben dejar de mirar hacia Francia, y darse la vuelta para entender al vecino olvidado del oeste. El primer paso para entenderle es respetar su autonomía y no considerarse superior a él, pues el paternalismo español aflora muy a menudo.

A continuación, debemos empezar a hablar, a entendernos y buscar soluciones a nuestros problemas. A ambos lados de la Raia hay personas, seres humanos con los mismos problemas. Sólo debemos entender este punto y empezar a desarrollar políticas de acercamiento. 

De sobra es sabido que el iberismo es la mejor medicina contra el separatismo que desangra a nuestro país. Y Portugal sería un gran aliciente para regenerar la política en España. Su forma de ser, la seriedad de sus gentes y una cultura sublime pero muy humilde, son buenas vacunas. 

Además el proyecto europeo, con las reformas pertinentes, no sólo saldrá del atolladero en el que se encuentra, si no que podrá disponer de un socio que equilibre las fuerzas y rompa con los intereses franco-germanos. 

La península ibérica será un campo de maniobras para desarrollar políticas de integración que luego se pueden exportar al resto de Europa. La Unión Europea constituye un gran mecanismo del que la península dispone para poner en práctica el iberismo. Hemos llegado a un momento en el que una nueva idea parece cobrar sentido. Los ciudadanos necesitamos vivir mejor y el iberismo es una corriente renovadora que puede servir para tal fin. E incluso es un buen antibiótico contra el separatismo que desangra a nuestro país y amenaza con contagiar a Europa. ¿Y ti? ¿Te gusta el Iberismo?

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