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El iberismo de Pessoa

28 de mayo de 2020
Tiempo de lectura: 2 minutos

Hace varios días, quizá un mes, hacía referencia en este mismo medio, a Fernando Pessoa como exponente de las letras portuguesas, pero su importancia para nosotros estriba en que era iberista. Para él España formaba parte de Portugal, y viceversa. Pessoa era un tipo tranquilo cuyo mundo se centraba en su barrio, sus bares y sus ensoñaciones. Tratar de entrar en el alma de un escritor es complicado, solo reservado a quienes de alguna manera conectan con la persona que hay detrás del personaje, más difícil aún es tratar de desentrañar el pensamiento político. A duras yo logro dejar atrás la confusión cuando pienso en política, fíjese si el que piensa es otro. Creo que ya lo he dejado por escrito en algún sitio, pero hay que insistir, el iberismo no es remendar la historia, no es corregir a nuestros antepasados que decidieron pintar una raya en medio de Iberia. El iberismo es tratar de unir lo separado para ser más capaces, más europeos, más nosotros mismos. Esa era una de las ensoñaciones del bueno de Pessoa, un Estado ibérico fuerte capaz de dominar espiritualmente en el mundo. No es que a mí me emocione eso de un Estado fuerte, tampoco me emociona pensar en dominar el mundo, quizá eso de la espiritualidad me tire por deformación vocacional y profesional. Pero sí estoy de acuerdo en eso de que la unión hace la fuerza, y si los que se unen son españoles y portugueses, el tema se convierte por naturaleza en unir lo que nadie debía haber separado. Pessoa consideraba el separatismo y el nacionalismo como el gran problema político que sufrimos, un verdadero drama, y como todo drama, decía él, no tiene solución fácil. Aunque Pessoa dijo que en Iberia solo había dos naciones, la española y la portuguesa, creo ver que admite el concepto de nación cultural. No es posible, también decía Pessoa, una civilización española ni tampoco portuguesa si no es pasando por la unión. Lo que verdaderamente tiene futuro es el resultado de los esfuerzos por unir España y Portugal. Qué nombre tenga es lo de menos, si saldrá niño, niña, o república confederal, ya se verá, lo importante es convencerse de que el enemigo no es otro que quien se oponga a la unión, dice Pessoa no yo. Pessoa, quizá tenga unas ínfulas de cierto imperialismo, hay demasiado deseo de una Iberia que plante cara a los ingleses, que mire por encima a los franceses, que haga de hermano mayor en Iberoamérica, que no Latinoamérica. Pessoa vivía, quizá como sueño mítico, un cierto imperialismo espiritual, apareciendo como espíritu santísimo un iberismo dominado por la tradición y el dominio de un pasado glorioso que ha de quedar en los libros. Por eso, aunque Pessoa sea un buen escritor, quizá el mejor, aunque sea iberista, sus ideas no sirven para lo que el iberismo del siglo XXI vive como proyectos de prosperidad, políticas comunes, culturas hermanas, y por qué no, el sueño de la unión.