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El iberismo interesa

25 de febrero de 2020

El iberismo es mucho más natural y provechoso que cualquier nacionalismo periférico.

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Las ideas políticas nacen, se desarrollan y crecen, y lo hacen en momentos determinados, marcando las respuestas a cuestiones muy determinadas en épocas muy explícitas. El iberismo nació en el siglo XIX de la mano de diferentes propuestas, con rey, sin rey, liberal, federal, y es tan natural que sus variaciones no modifican la idea original, sino que a partir de la necesaria unión de Portugal y España las propuestas se van perfilando y adecuando a quien escribe y al momento en el que se escribe. Hoy decimos que el iberismo es un movimiento transversal, que es como decir que aquí todos podemos poner nuestro granito de arena. Todas las propuestas de unión entre Portugal y España tienen algo en común; la necesidad. Es por eso por lo que en cuanto un dirigente político, del partido que sea, ya sea de un lado o el otro de la raya, habla de iberismo, el tema se dispara. En España, unos y otros ven la solución a problemas que debíamos haber solucionado mucho antes, en Portugal se preguntan si pueden ser absorbidos por una Castilla que ya no tiene esa capacidad colonizadora que aún le adjudican, otros, se preguntan que mal han hecho los portugueses para que queramos invitarnos a nuestros problemas, que teniendo en cuenta la inercia hacia la fragmentación que manejamos en España, son grandes. Pero lo que no se puede negar es que el iberismo interesa, da que hablar, es la idea del siglo XIX más necesaria en el siglo XXI, que más nos beneficiaría, y por eso tiene mucho futuro. Revisar nuestras estructuras estatales para dar cabida al iberismo, es la solución al deterioro socioeconómico de los dos países hermanos, y podría colocarlos a la cabeza de Europa a poco que nos esforcemos. Me atrevo a decir que en la unión ibérica nos la jugamos, pero por separado seguiremos sin tener, en Europa, el papel que nos merecemos. Entre Portugal y España el espacio Schengen no es suficiente, hay libre circulación de personas, pero no hay libre circulación de intereses comunes, de políticas culturales, de cuestiones políticas prácticas que mejoren la vida de los ciudadanos. Por eso el iberismo cultural, basado en cierto sentimiento de hermandad y afinidad cultural, se queda corto. Claro que es importante el entendimiento moral y espiritual de todos los pueblos de la Península, por tradición, por historia y por justicia, pero hemos de explorar propuestas políticas que nos conduzcan a la unión ibérica entre Portugal y España. Por todo esto, cuando Rui Moreira, alcalde de Oporto, habló de la unión ibérica, todo un engranaje se puso en marcha. Unos poniendo el acento en lo que nos divide, otros en lo que nos une, unos poniendo su disponibilidad para hablar, para generar sinergias, otros discutiendo sobre capitalidades. El iberismo es mucho más natural y provechoso que cualquier nacionalismo periférico. Pidamos a los políticos que presten el mismo interés a las fuerzas centrípetas que a las fuerzas centrífugas.