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Fátima y el iberismo

11 de enero de 2020

Las apariciones de Fátima tuvieron repercusiones negativas en el movimiento iberista de principios de siglo XX.

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Leo en diversas fuentes religiosas que las reliquias de los pastorcillos y videntes de Fátima, los hermanos Santa Jacinta Marto y San Francisco Marto, peregrinarán por diversas diócesis españolas los primeros meses de este año 2020. Recordamos que estos dos hermanos, junto con su prima Lucía dos Santos, fueron los tres niños que dijeron haber visto a la Virgen María en Cova da Iría, en Fátima, Portugal. Mientras que Lucia dos Santos vivió hasta los 97 años, Jacinta y su hermano Francisco murieron muy pronto víctimas de la llamada gripe española, él en 1919 a los 10 años, de una neumonía, y ella en 1920 a los 9 años de una inflamación pulmonar denominada pleuresía. Ambos hermanos fueron beatificados en 2000 por Juan Pablo II, y canonizados en 2017 por el papa Francisco. Aprovecho esta noticia para reflexionar sobre Fátima, lo ocurrido allí, y sus repercusiones para el iberismo, que las tiene. Cuando el 13 de mayo de 1917, los tres pastorcillos dijeron que habían visto a la Virgen María sobre una encina, Portugal se encontraba en un proceso de modernización, no sin ciertos conatos de persecución religiosa, y quizá dichas apariciones fueron aprovechadas para contrapesar de parte de un catolicismo tradicionalista las inercias modernistas. Incluso sirvió como afirmación del nacionalismo portugués contra la pretendida compra por parte de los españoles de los territorios fronterizos con ánimo anexionista. Como nos cuenta Ángel Rivero Rodríguez, en el nº 7 de noviembre de 2007 de la Revista Académica de Relaciones Internacionales, Fátima se convirtió, no solo en un icono sagrado que pasó a formar parte de la religiosidad popular, sino que también comenzó a formar parte de la identidad nacional portuguesa, y símbolo de dicha identidad. El sentimiento identitario no es negociable. Las apariciones de Fátima ejercieron un papel muy importante en la movilización y resistencia de una sociedad tradicional portuguesa contra la modernización del país, que veía alarmada en dicha modernización, una discutible perdida de los valores nacionales e identitarios. Fátima no fue una invención, aquello que la prensa llamó “danza del Sol” todavía está por explicar, pero lo que también es cierto es que fue aprovechada para recordar a las élites portuguesas que lo que necesitaba Portugal era un gobierno congruente con la nación católica que reprodujera sus rasgos de identidad, y que caminase de nuevo, bajo la cruz y la espada, por el camino que gloriosamente, y de forma independiente, había recorrido en el pasado. Es decir, que Fátima, convirtiéndose en expresión particularista de la identidad portuguesa, empujó en dirección contraria al iberismo.