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Iberistas

6 junio, 2020

Dejémonos de hablar de "hunos y hotros", como decía el Maestro y empecemos a hablar de nosotros.

Tiempo de lectura: 2 minutos

Nada mejor que hoy víspera del 7 de junio, día que pretendemos sea del iberismo, conocer a los iberistas de nuevo cuño, los de ahora, nada de novelistas del siglo XIX con bigote y sombrero, o políticos del XX, con bolsillos grandes y cabeza pequeña, sino jóvenes dueños por derecho del siglo XXI, con permiso para el traspiés y mucho futuro entre manos. 

Sirva esta misiva para agradecer a la Sociedad Iberista que me acoge entre sus miembros, a mí, que llevo la duda como bandera, la libertad como blasón, y mi país como cruz, un rebelde con causa, pero sin etiqueta. En la Sociedad Iberista cabemos todos, los “hunos”, los “hotros” que decía el maestro, y los del extremo centro, los que estamos cansados ya de “hunos” y de “hotros”. 

Suerte que me dejan juntar un par de letras de vez en cuando, por eso denme la importancia que merezco, que es poca, por cierto, y fíjense mejor en el equipo que me rodea, que sueña en una Iberia unida y está deseando navegar en la balsa de piedra en medio del mar de Europa. 

Decía Chesterton que la idea que no trata de convertirse en palabras es una mala idea, y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra. El iberismo puede parecer una gran idea, pero de ahí a convertir la idea en acción, median muchas palabras, y así son nuestros foros, con muchas palabras, sinceros, sin engaños, sin paseos por los jardines de la independencia, ni grandes viajes a pasados gloriosos en máquinas del tiempo, ni guiños a la inteligencia de soluciones que necesitan un muro que nos impida escapar del paraíso. 

En la Sociedad Iberista nos gusta tratar cuestiones que incuben a todos, pero cuya solución, insistimos, está más allá de la mirada corta y el recurso al propio ombligo. Demasiada gente habla de demasiadas cosas, sin darse cuenta de que la desunión es el problema de fondo. En esta península donde han de dar nuestros huesos estamos más acostumbrados a romper la baraja que a barajear todas las cartas, buscando una jugada mejor, por eso cuando uno dice “soy iberista”, éste es objeto de miradas, curiosas cuanto menos, porque las que más son de extrañeza, seguidas de un “¿qué es eso?” Somos los que somos en una casi isla y en ella vivimos, nos movemos y existimos, y tenemos dos opciones, o nos agitamos hasta reventar, como la coca cola, o vivimos en paz y en pausa como el buen vino. 

Porque queremos destacar lo común, porque somos un grupo heterogéneo y por lo tanto complementario, porque buscamos poner en marcha cuantos proyectos en común entre España y Portugal sean posibles, porque queremos unir dos sociedades separadas por la historia, porque queremos que la unión ibérica sea el paradigma ideal para el proyecto europeo, apelamos a los poderes políticos que se olviden de nacionalismos de miras estrechas, que se olviden de las dos Españas, que no van a traer más que problemas, que se atrevan a proponer lo que es necesario, lo que realmente puede poner a Iberia a la cabeza de Europa. Abramos un debate profundo sobre iberismo.

Podemos abrazar de nuevo el mundo.