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Menores y pornografía

16 junio, 2019

La pornografía no puede ser un referente en la educación sexual de nuestros hijos.

Tiempo de lectura: 2 minutos

Según un estudio dirigido por Lluis Ballester y Carmen Orte y publicado por la Universitat de les Illes Baleares y la red  Jóvenes e Iclusión, los jóvenes se inician cada día antes en el consumo de la pornografía

El consumo del porno empieza a los 14 años en los chicos y a los 16 en las chicas.

Es llamativo que uno de cada cuatro ya haya visitado páginas pornográficas antes de los 13. Incluso hay niños de 8 años que ya han tenido su primer contacto con páginas pornográficas. La mayoría de los usuarios de estas páginas son hombres. El 87% reconoce haber visto pornografía alguna vez.

No creo que sea necesario explicar que los contenidos de este tipo de publicaciones muestran a la mujer como mero objeto. Su único fin es ser penetrada y humillada por el macho alfa de turno. Es cosificada y es vejada con escenas de sumisión, golpeada, maltratada.

Según el portal PornHub, hay tres millones de visitas a sus páginas ¡cada hora!

 

Por supuesto, al igual que aumenta el consumo de pornografía, aumentan las prácticas sexuales de riesgo.

No creo que ninguno de los presentes sea tan iluso de creer que el acceso a estas páginas las realizan solo los hijos de los demás, mientras que nuestros pequeños retoños son unos hijos modelicos.

En muchos casos, ese primer acercamiento a la pornografía es casual, pero en otros, no. Es evidente que el acceso a este tipo de páginas es a través de un simple clic en sus teléfonos o tabletas. ¿O realmente usted piensa que sus hijos solo los utilizan para jugar o, como mucho, para hablar con sus amigos a través de las aplicaciones de mensajería instantánea? ¿Cuántos de ustedes tienen algún tipo de control parental sobre los terminales de sus hijos?

Es incomprensible que seamos tan ingenuos de conceder a nuestros hijos el universo completo de internet sin ningún control. ¿No será que muchas veces miramos para otro lado, ante la idea de provocar un enfrentamiento familiar, dado que al fin y al cabo van a terminar por descubrir el porno?

Siempre es más cómodo hacernos los tontos. Es nuestra labor, la de los padres, enseñar a nuestros hijos el valor de aquello tan obsoleto ya. El respeto, el compromiso, la responsabilidad, la ternura. Es decir, el amor. 

A mí, personalmente, me aterra pensar que nuestros hijos pueden considerar la pornografía como su referente en educación sexual. 

Piensen. Sean buenos.

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