Saltar al contenido

Monjas para repoblar Portugal

12 de abril de 2020

El pueblo fronterizo de Palaçoulo espera atraer turismo de recogimiento con la construcción del primer monasterio en el país desde 1892

Tiempo de lectura: 2 minutos

A falta de bebés, que vengan monjas. En Palaçoulo, una aldea fronteriza, cerca de Miranda do Douro, decenas de vecinos han donado sus tierras para que se levante un convento y vengan monjas a ocuparlo. Será el primer monasterio que se construya en Portugal desde 1892. Mientras las autoridades ofrecen incentivos económicos para repoblar el interior deshabitado del país, los vecinos de Palaçoulo han conseguido repoblar el pueblo con monjas, aunque tampoco autóctonas, porque las vocaciones escasean en Portugal. Las monjas serán importadas de Italia.

Con sus 500 vecinos y una densidad de 11 habitantes por kilómetro cuadrado, Palaçoulo ofrece, sobre todas las cosas, paz y silencio, dos cualidades fundamentales para la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, más conocida como la de los trapenses.

Desde 2016 que Palaçoulo está movilizado para construir el convento y su hospedería. Las monjas trapenses las pone el monasterio italiano de Vitorchiano, en la provincia de Viterbo, donde ya no caben más vocaciones (son 78 monjas). Por otra parte, en Portugal han desaparecido todas las comunidades trapenses. Así que un encuentro entre el obispo de Braganza y la madre superiora de Vitorchiano pusieron en marcha la idea. Vitorchiano debía proporcionan al menos 10 monjas, número mínimo para formar una nueva comunidad. A las diez pioneras se unirán 30 más en el futuro para garantizar la producción agrícola y avícola y la fabricación de dulces y su famoso chocolate. Palaçoulo debía poner las tierras, al menos 30 hectáreas para practicar el ora et labora.

El trabajo del párroco de la Iglesia de San Miguel y, sobre todo, su paciencia y diplomacia lograron poner las 30 hectáreas juntas, sobre las que ya se levanta el monasterio y una hospedería de acogida y recogimiento, todo presupuestado en seis millones de euros. En octubre abrirá.

La esperanza de las autoridades, y del pueblo, es que el monasterio atraiga turismo tranquilo, el que gusta retirarse del mundanal ruido, que se decía antes.

Vía El País