Saltar al contenido

La oxidación de Europa

27 mayo, 2019

El iberismo es un agente dinamizador que desfocaliza la alianza franco-alemana y permite revitalizar el proyecto, a través de un "eje ibérico"

Tiempo de lectura: < 1 minuto

El proyecto Europeo está amenazado, y el auge del euroescepticismo es evidente. 

Europa está oxidada y poco o nada se hace para revertir la situación y seguir trabajando en integración para fomentar la supervivencia de la Confederación. 

Se necesita que los Estados miembro se pongan de acuerdo y acometan las reformas pertinentes para empezar a evitar los ombligos propios en esta, nuestra Unión Europea, y empezar un auténtico proyecto común.

Europa no enamora, no atrae, necesita reformas. La Unión necesita Iberismo. 

Y es que, con la modificación del artículo 20 del TUE (cooperación reforzada), se puede empezar a hablar de una Europa de geometrías variables donde países afines, como Portugal y España) avancen en integración o cooperación, hasta tal punto que puede ser el iberismo un agente dinamizador que elimine la dictadura del eje franco-alemán e instaure, en la península ibérica, un nuevo faro que de luz a un proyecto viejo y anticuado. 

No, no hablamos de unir Portugal y España. Hablamos de trabajar juntos para beneficio de nuestros ciudadanos y nuestros países. Si hay que unir, el tiempo lo dirá. El iberismo es una idea romántica que tiene que pasar al pragmatismo para afrontar esos retos del siglo XXI, que el status quo actual, no sabe ni quiere afrontar.

La despoblación en Portugal, el auge de los nacionalismos, el peso internacional o las políticas sociales en peligro son retos que el iberismo puede afrontar y resolver. 

Europa necesita quitarse el óxido. Europa necesita Iberismo.