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Una ruta por el Tajo-Tejo

24 de enero de 2020

Una ruta por el Tajo-Tejo

Tiempo de lectura: 2 minutos

Decía Unamuno, en “Por tierras de Portugal y de España”, que el Tajo era un río que corría por su abrupta hoz, que unas veces se cierra en riscosa cañada y otras se abre en apacibles vegas.

Pues hablando del Tajo, me llega por Europa Press, que la diputación de Cáceres ha presentado, en torno a la Feria Internacional de Turismo FITUR, el proyecto REDTI. Catorce municipios españoles y nueve portugueses van a colaborar en hacer del Tajo-Tejo, sobre todo del Parque Natural Tajo Internacional, y la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Tajo-Tejo Internacional, un camino para el visitante, un destino transfronterizo. Es toda una oportunidad para hacer algo con esa España vaciada de la que todo el mundo habla, es algo para caminar de la mano con Portugal, haciendo del turismo el motor de un desarrollo que beneficia a los dos lados de la raya como si esta no fuera más que dos orillas de un mismo rio. Nuria Flores, consejera de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura, ha destacado que “el Tajo Internacional es un gran ejemplo de turismo deportivo, cultural, de naturaleza, y, sobre todo, de esta lucha del reto demográfico para crear puestos de trabajo y dinamizar las zonas rurales que tanto lo necesitan”. Es la misma esencia de aquello que comentábamos días atrás en este mismo foro acerca del Duero-Douro. Armindo Jacinto, presidente da Câmara Municipal de Idanha-a-Nova, ha destacado la oportunidad para recordar esos territorios que comparten una historia en común, el puente romano de Alcántara es un ejemplo de esta unión. Perdonen que cite otra vez a Unamuno, pero es que soy de Bilbao, él, pensando precisamente en el Tajo, decía que un río es algo que tiene una fuerte y marcada personalidad, es algo con fisonomía y vida propias. Por lo tanto, no hay nada mejor que recorrer estas tierras mediante estas aguas que son su conciencia.

La importancia del turismo, del clásico viajero, del que pasea y duerme, del que come y da conversación al paisano, está precisamente en la unión de los pueblos por los que pasa. Los caminos son el alma de los pueblos, y cuando un camino pasa por dos pueblos, pues ya saben lo que ocurre. El conocimiento conjunto de dos pueblos que comparten un camino sea este para rodar o para navegar, contribuye a un imaginario común que no habla de fronteras sino de gentes y paisajes que vienen al recuerdo juntos. A ojos del visitante, si nadie recuerda las diferencias, porque en la práctica no las hay, deja de haber fronteras, y poco a poco se extiende la idea de que efectivamente no son dos sino una la tierra que se visita. Y en casos como España y Portugal, donde hay que hacer verdaderos esfuerzos para ser distintos, cuando las cosas se hacen con naturalidad, la unión, no solo se hace posible, sino que se hace parte del presente.