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Del nacionalismo y el iberismo

14 de julio de 2020

¿Cómo podemos hacer para revertir el auge del nacionalismo y recuperar a todos aquellos jóvenes que creen que el nacionalismo les puede dar las herramientas para coger las riendas de su futuro?

Tiempo de lectura: 2 minutos

El nacionalismo es un problema, en sentido absoluto. Modifica de raíz la conciencia de los pueblos, cambia su historia, y en mi opinión, enferma sociedades.

Venga de donde venga, se inventa un conflicto, buscando destacar aquello que separa y desune. Es una especie de narcisimo político.

El parlamento actual es un ejemplo de ello. Desde catalanes, pasando por vascos y gallegos hasta canarios y valencianos. Incluso Teruel se suma a copiar lo peor de lo mencionados.

Que dolor me da ver a castellanos y leoneses enfrentados de nuevo, como si al mando de las riendas del poder estuviesen Alfonso de León y Sancho de Castilla, hermanos de sangre y enemigos de lindes.

Dicen que nos tenemos que acostumbrar a una España federal, pero ¿qué federalismo vamos a construir? No podemos hacerlo sobre una serie de patologías previas y destrucción de todo aquello que hable de Unidad.

Un estado federal no puede hacer que una gran nación influyente se convierta en un territorio de pequeñas naciones impotentes.

En una España, donde ya la raya que separa Portugal de España es muchísimo más ancha que lo que separa la izquierda de la derecha, estamos viendo como un sector político se aprovecha de un pequeño invento ilustrado llamado nacionalismo, para hacer de la heterogeneidad nacional una arma arrogadiza.

Quiero recordar al gran Unamuno en estas líneas, que decía que un vasco es doblemente español. Y yo, que soy iberista, no puedo estar de acuerdo con un buen amigo mío nacionalista vasco. Él quiere destruir para construir sobre cenizas, yo quiero reunir, lo que para mí es una gran familia, que va más allá de lo español, de la que me siento miembro y me engloba. Somos parte de una historia común, que venimos haciendo nuestra desde el siglo XV, cuando nos echamos a la mar para descubrir mundos inexplorados.

Cuando me defino como iberista, a la vez pienso, no en mí, sino en mis hijas, a las que puedo legar un país más eficiente, más seguro, con mejores posibilidades. Ellas tienen derecho a un futuro en libertad, donde puedan tomar sus propias decisiones individuales, en un marco sociopolítico lógico, probado y tranquilizador.

El mundo asociativo me ha permitido prescindir de toda una generación de políticos cargados de recelos, intolerantes y egoístas, donde priman más intereses particulares que generales.

La Sociedad Iberista no tiene políticos infantilizados, ni erosionan la convivencia. Desde aquí puedo conocer a mi vecino, que no es diferente de mí, que tiene las mismas preocupaciones. Juntos soñamos en poder ver una comunidad sin ejercicios de discriminación positiva, distinguiendo ciudadanos y negando el ejercicio de sus derechos.

El nacionalismo promueve la cultura estrecha, miope, corta de miras, en exceso sentimentalista y necesariamente exagerada. El nacionalismo es reprobable y debemos reflexionar por qué está teniendo tanto auge en nuestro país.

Analicemos cómo podemos hacer para revertir la situación, y que todos aquellos que creen que el nacionalismo les puede dar las herramientas para coger las riendas de su futuro, puedan desterrar esa idea que el nacionalismo les dicen que es imprescindible para poder vencer al enemigo creado. Desde la Sociedad, les damos la oportunidad de volver a creer en un proyecto común: El Iberismo.