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El ¿héroe? inglés Drake

31 julio, 2019
Tiempo de lectura: 4 minutos

Si tenemos que hablar de un héroe para Inglaterra, Sir Francis Drake es el mejor ejemplo. Nació en el sudoeste de Inglaterra entre los años 1540 y 1543, hijo de granjeros protestantes. Su fama la alcanzó como corsario, saqueando los puertos españoles en el Caribe cuando Inglaterra y el Imperio Español ni siquiera estaban oficialmente en guerra.

Un corsario que aprendería lo fácil que era saquear puertos indefensos españoles y conocería del lucrativo negocio del contrabando de esclavos.

Por eso no es de extrañar que su primera expedición inglesa fue para comerciar con esclavos y atacar poblaciones españolas, a pesar de existir una tregua formal entre las coronas de España e Inglaterra;

Tanto tensaron la cuerda atacando niños y ancianos que desembocaron en el desastre inglés de San Juan de Ulúa (1568), cuando la flota al mando de Hawkins y Drake, fue atacada por la homóloga Española en Nueva España, en un ataque sorpresa dirigido por Francisco Luján. Quinientos muertos ingleses y tremendas penalidades de Drake para regresar a Inglaterra.

Desde ese día, Drake estuvo en pie de guerra contra el Imperio Español para el resto de su vida.

La invencible inglesa. ¿Santander o Coruña?

Tras el desastre de la Gran Armada, Inglaterra ideó un plan de invasión con el objetivo claro de terminar con lo que quedaba de la fracasa expedición filipina contra Inglaterra. El primer objetivo fue atacar Santander y destruir los, más de cien barcos, que allí se reparaban. Drake prefirió atacar la Coruña, que estaba indefensa, desobedeciendo así, las órdenes recibidas.

La Coruña prometía grandes víveres e innumerables tesoros, o eso creían. Cuál fue su sorpresa, que al atacar la villa gallega, encontró a heroínas como María Pita e Inés de Ben. Ambas son ejemplo del esfuerzo popular a la hora de rechazar al invasor inglés que, irremediablemente, tuvo que retirarse con una dolorosa derrota, donde perdieron 1300 soldados.

Ataque a Lisboa

No obstante, y aún a pesar de haber sufrido la deserción de más de dos mil hombres, Drake y su Contraarmada decidieron continuar dirección a Lisboa. El objetivo era entronizar al prior Antonio de Crato, pretendiente a la corona portuguesa, y primo de Felipe II, que viajaba con la expedición. Lo que parecía un éxito seguro, se tornó en una desesperante desastre. Los ingleses desembarcaron en Peniche y creyendo tener apoyo portugués, se encontraron un completo vacío.

Setenta y cinco kilómetros de penurias entre Peniche y Lisboa, diezmados por soldados hispano-portugueses y a su llegada a Lisboa, siete mil soldados defendiendo las murallas de la ciudad y barcos ibéricos apostados en la ribera del Tajo, que no dejaron de bombardear incesantemente a los ingleses, que tuvieron que refugiarse en el convento de Santa Catalina. Tan fuerte y seguido fue la descarga de artillería que tuvieron que salir corriendo del convento.

La noche siguiente, los soldados terrestres montaron su campamento en la oscuridad para evitar ser detectados. Al no conseguir localizar la posición de las tropas invasoras, don Alonso de Bazán ordenó simular un desembarco, indicando a sus hombres que hiciesen el mayor ruido posible, que disparasen al aire y gritasen, lo cual provocó inmediatamente la alerta y la confusión en el campamento inglés, que se preparó para la defensa. Las galeras españolas distinguieron en la oscuridad los fuegos de las antorchas y las mechas encendidas de las armas inglesas, por lo que Bazán ordenó concentrar el fuego de sus barcos en las luces, lo que provocó una nueva matanza entre los ingleses.

Drake embarcado y seguro presenció toda la batalla y nunca intervino. Fue tachado de cobarde. Claro, Lisboa no era uno de los puertos indefensos a los que estaba acostumbrado. Finalmente, la villa de Lisboa se reforzó con mil soldado más, y las tropas inglesas se retiraron. En esa huída, las huestes ibéricas se hicieron con unos papeles de Antonio de Crato con nombres de conjurados contra Felipe II.

Derrota Final. Islas Azores

Tras la persecución que se desencadenó en la huida de Drake, en la que perdieron otros quinientos hombres, el pirata puso rumbo a las islas Azores para capturarla y hacerla base inglesa, con el fin de atacar a los barcos de las Indias, lo que supondría un avance significativo hacia el objetivo más a largo plazo de arrebatar a España el control de las rutas comerciales hacia el nuevo mundo.

 

Nuevamente fue derrotado, y una vez más, Drake atacó las villas indefensas de Puerto Santo y Vigo. La villa gallega resistió y recibió ayuda portuguesa.

Drake sufrió tan dolorosa derrota que tuvo que conformarse con capturar un barcos comerciales hanseáticos, los cuales hubo de devolver con mercancía incluida. habiendo fracasado absolutamente en todos los objetivos de la expedición, la soldadesca se amotinó porque no aceptaban los cinco chelines que como paga se les ofreció. Y tan mal cariz tomó la protesta que para reprimirla las autoridades inglesas ahorcaron a siete amotinados.

Últimos años de Drake

Francis Drake, quedó condenado a un casi total ostracismo tras el fracaso, asignándosele la dirección de las defensas costeras de Plymouth y negándosele el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes 6 años. Cuando finalmente se le concedió la oportunidad de resarcirse del fracaso de 1589, otorgándosele el mando de una gran expedición naval contra la América española, de nuevo volvió a guiar a sus hombres al desastre, finalmente perdiendo la vida él mismo en 1595 en combates contra fuerzas españolas destacadas en el mar Caribe.

Tras su muerte, las campanas de las iglesias de Castilla replicaron como símbolo de celebración, Miguel de Cervantes y Francisco Quevedo dedicaron versos a la muerte del mayor enemigo de Felipe II.

 

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