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Gabriel de Espinosa, la historia de un impostor

1 de abril de 2020

Un rumor se extendió por Portugal. El Rey Sebastián había reaparecido en la villa castellana de Madrigal de las Altas Torres. ¿Sería cierto?

Gabriel de Espinosa
Tiempo de lectura: 3 minutos

Gabriel de Espinosa ha pasado a la historia por ser un célebre impostor pero ¿de quién?

Pues nada menos que del fallecido rey de Portugal, Sebastián I de Avis, popularmente conocido como «el deseado», quien perdió la vida con tan solo veinticuatro años en la batalla de Alcazarquivir (actual Marruecos).  

El triste destino del rey portugués fue sin duda una ocasión perfecta para aquellos impostores deseosos de tres minutos de gloria. Uno de ellos fue un pastelero de Madrigal de las Altas Torres: Gabriel de Espinosa. 

Allí es donde comienza nuestra historia, tras la llegada de un fraile portugués, llamado Miguel de los Santos. Que era partidario de Antonio «Prior de Crato», pretendiente a la corona de Portugal. Y quién había sido vencido por Felipe II en 1582.

Empeñado el fraile en apartar al monarca castellano de la corona portuguesa. Y con una personalidad bastante destacada, fue a parar a esta localidad castellana, tras ser desterrado por el propio Felipe II. Quizá pensando el Rey que allí se le difuminarían las ansias de seguir conspirando contra España.

Gabriel de Espinosa suplantaría al último rey portugués de la casa de Avis, siendo sucedido por Felipe II.

Pero el Austria estaba bastante equivocado, porque este fraile aprovechó el anhelo portugués por el regreso de Sebastián, quien se decía que no había muerto en la batalla de Alcazarquivir, para montar un teatro de cuatro actos. 

El fraile buscó un personaje que se pareciera al desaparecido rey Sebastián y, casualidades de la vida, éste apareció en Madrigal. Allí vivía Gabriel de Espinosa, un hombre de profesión pastelero que venía de Toledo, prófugo de la justicia, buscado por asesinato.

Y resulta que, el pastelero, ¡era clavado al rey Sebastián!

batalla de las islas terceiras
▷ Detalle de la batalla en las Isla Terceira (Azores), donde finalmente fue derrotado Prior de Crato. (Monasterio del Escorial)

Comenzaba la conspiración. Lo primero, era preparar a Gabriel de Espinosa a través de diversas entrevistas privadas, dónde le dotó de palabras y gestos reservados a personas de alta alcurnia. 

La batalla de fuego del impostor fue, nada menos, con María Ana de Austria, hija de Juan de Austria (héroe de Lepanto), que no sólo era sobrina de Felipe II, sino que también era prima del propio Sebastián. 

Y ¡madre, madre! Nuestro impostor se portó como un príncipe de sangre real. La joven quedó deslumbrada ante aquella figura de un primo carnal que se le presentaba y, sobre todo, lamentaba el fracaso de la batalla. 

Miguel de los Santos, partidario del Prior de Crato, fue el urdidor del plan

Dispuestos los principales resortes para dar comienzo a la función, fray Miguel persuadió a Espinosa de que debía fingir que era el rey Sebastián, huido milagrosamente de aquella sangrienta batalla africana.

Llegó hasta tal acto la función que hubo ideas de boda. Ana de Austria y el falso rey se casarían para recuperar el trono portugués. 

A tal efecto, la convencida joven, creyendo ser escogida por Dios para tan providencial misión y, francamente sugestionada por el fraile Miguel de los Santos, llegó a enviar joyas y correspondencia amoroso-política que se conserva completa en el archivo de Simancas.

Cuando Espinosa tuvo en su posesión las joyas, marchó a Valladolid, para poder hacer negocio con ellas. 

Conoció en el camino a una mujer en una pensión, a la que se las enseñó. La mujer, pensando que eran robadas, denunció al falso rey ante los alguaciles, quiénes se las incautaron y dieron debida cuenta al Corregidor.

Gabriel de Espinosa fue acusado del robo de unas joyas y descuartizado en su pueblo natal

Entonces, se inició un proceso judicial, en el que Fray Miguel de los Santos llegó a pedir la comparecencia del monarca castellano. Pero allí no apareció nadie para identificar al rey Sebastián.

Pero, eso no impidió que llegase todo a oídos del monarca castellano, quién no daba crédito a la trama urdida por el fraile. Como castigo fue trasladado a Madrid, donde fue degradado según las normas de los cánones y ahorcado en la Plaza Mayor.

Por otro lado, Gabriel de Espinosa, nuestro pastelero real, sería juzgado en Madrigal de las Altas Torres. En un acto público espeluznante, fue arrastrado por las calles, descuartizado y sufriendo garrote ante una multitud inmensa que se había congregado para presenciar tan cruel espectáculo.