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Marvão, mil páginas de historia.

29 de agosto de 2022

Descubre los secretos de la ciudad de Marvão, que desde lo más alto del Alentejo, vigila toda la región, dispuesta siempre a su defensa.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Marvão es una pequeña villa medieval enclavada en lo alto de la Sierra de São Mamede, en Portugal. Un enclave muy cercano a España que merece muy visitar. ¿Nos acompañas en estas mil páginas de historia que te queremos contar?

El origen: Ibn Maruán, su fundador

Para encontrar el origen de Marvão, tenemos que acudir a las crónicas árabes. En ellas aparece un caudillo llamado Ibn Maruán, quien a finales del siglo IX, robó a las águilas la cima de una cresta de cuarcita para construir una fortificación que perpetuara su nombre.

Ibn Maruán fue un eminente militar y religioso que se rebeló contra el emir de Córdoba y fundó un reino autónomo, con sede en Badajoz, que dominaba un amplio territorio que se extendía desde el Duero hasta el Guadalquivir, incluyendo toda la cuenca del Tajo.

Hacia el año 877, en la prolongación de los acantilados de la sierra de São Mamede (sierra de Mahoma), donde el ojo lo ve todo, Ibn Maruán instaló su campamento y abrió un aljibe, según las crónicas. Así nació la fortaleza más alta al sur del Tajo.

Desde aquí podía ver sin ser visto y lo hacía porque en las ruinas de la antigua ciudad romana de Ammaia aún había gente que podía servirle.

Primera consecuencia: Caída de Ammaia

Ibn Maruán fundó Marvão y con ello condenó al ostracismo a la villa de Ammaia. Una importante y rica ciudad de veraneo para los habitantes de Emerita Augusta (Mérida), quienes venían a buscar el aire fresco de la región.

 

La vieja Ammaia se moja los pies en el río Sever que, desafiando las leyes de la física, fluye de sur a norte y se retuerce y gira, allí abajo, alrededor de la empinada colina de Marvão.

 

Con la desintegración del Imperio Romano, Ammaia fue olvidada. Pequeños núcleos urbanos sin sistemas de defensa y, al parecer, sin organización social, se formaron en las tierras altas, teniendo entonces como referencia la fortificación fundada por Ibn Maruán. Marvão se convirtió en el principal epicentro de protección de este territorio.

La llegada de Alfonso Henriques

Alfonso Henriques

Entre 1160 y 1166 Marvão pasó a estar bajo el control de Dom Afonso Henriques. Nada nos dice si este pasaje fue el resultado del acoso cristiano a los fieles de Alá que vivían en la cima de la colina. 

Probablemente, los seguidores de Mahoma abandonaron precipitadamente la inexpugnable cresta de cuarcita y, poco después, Afonso Henriques entregó estas tierras a los monjes-caballeros del Temple.

Marvão pasó a ocupar un lugar importante en la administración militar y política de la región despoblada al sur del Tajo. Su importancia se derivaría, naturalmente, de la posición estratégica en la cima de una roca inaccesible, pero, también, de la antigua tradición administrativa que se originó en el extenso municipio de Ammaia.

Y después de la Reconquista...

Con el final de la Reconquista, Marvão se vio envuelta en los conflictos fronterizos y en los tratados que delimitaron la frontera entre Portugal y Castilla, primero con la Convención de Badajoz de 1267 y luego con el definitivo Tratado de Alcañices de 1297. 

Este último tratado incorporó la ciudad de Marvão a Portugal. Pero, aunque con acuerdo previo, pronto se empezó a ver que esta nueva frontera suponía fuertes limitaciones a las ancestrales y estrechas relaciones entre las comunidades de ambos lados del río. 

Así, dieciséis años después del Tratado de Alcañices, surgió la necesidad de reabrir la frontera que impedía el libre paso de personas y mercancías como había sucedido desde tiempos inmemoriales. Se firmó, entonces, un compromiso entre los pueblos de Valencia de Alcántara y Marvão, ratificado hasta 1868, que permitió la casi libre circulación entre los dos municipios.

En la actualidad

Hoy en día, Marvão sigue siendo la sede de uno de los municipios más pequeños del país. Tras la guerra ibérica de 1640, la villa perdió su estatus militar. 

Las estrechas calles, que se acomodan a las curvas de nivel, conducen al visitante hasta el punto más alto del acantilado donde se levanta el castillo medieval, con una enorme Torre de Menagem y la Porta da Traição a la que se puede acceder discretamente a través de un largo y estrecho pasillo abierto en la roca viva.

Un paseo a última hora de la tarde por las calles de Marvão, despidiendo al sol en el punto más alto del castillo, es un espectáculo inolvidable. Desde allí arriba, donde acampaba Ibn Maruán, «los pájaros de los más altos vuelos, se dejan ver desde atrás«, como dijo el prior de Santa María en 1758.

Interesante es leer a Frei Miguel Viegas Bravo, en 1758, que nos decía que «sirven más para que no caigan los de dentro que para que no entren los de fuera«, se pueden alcanzar amplios horizontes.

Y antes de cenar, acudimos al lugar más recóndito y sólo vislumbrado por el sol al atardecer, una figura esquemática de una mujer dando a luz merece ser destacada. Esta parturienta muestra claros signos de atención continua y extrema, bien expresados en el desgaste provocado por el suave tacto de las más que probables manos femeninas, pidiendo ayuda en partos difíciles.