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El presentismo histórico | Por David Botello

19 de octubre de 2021

David Botello nos habla en este artículo del presentismo histórico y de cómo muchas personas analizan hechos pasados con los ojos del presente. No te lo pierdas, porque está muy chulo.

El presentismo
Tiempo de lectura: 4 minutos

Analizamos hoy el presentismo de la mano de  David Botello, comunicador y apasionado de la historia, a quien podréis ver en Telemadrid y escuchar en OndaMadrid. 

La historia como relato

La realidad es caótica. La vida en sí misma no tiene sentido. Los hechos aislados (un beso, un terremoto, una pandemia, una guerra) a veces nos desconciertan.

Para interpretar lo que ocurre, no tenemos más remedio que recurrir a los relatos. Un relato toma los hechos aislados, caóticos y desconcertantes y los relaciona, los organiza y les da sentido para que podamos entenderlos, asimilarlos y compartirlos.

En un relato, las cosas pasan por algo. Una cosa lleva a la otra. Hay una causa y un efecto. Antes, había tormentas porque los dioses estaban enfadados; don Quijote se volvió loco porque leyó demasiados libros de caballería.

La relación causa-efecto nos ayuda a entender el mundo. La vida tiene más sentido cuando la explicamos a través de los relatos.

En el siglo XIX algunos historiadores propusieron demostrar la superioridad del presente frente a otros momentos de la historia. Así nace el Presentismo.

Desde este punto de vista, la Historia es un relato que sirve para organizar el pasado y darle un sentido. La Historia siempre ha explicado el presente a partir del pasado.

En el siglo XIX, algunos historiadores decidieron que el presente era la culminación del proceso histórico.

Se propusieron demostrar la superioridad del presente frente a otros momentos de la Historia. Convirtieron la Historia en un relato basado en el conflicto entre quienes han contribuido al progreso y quienes han tratado de impedirlo.

Así nació el presentismo, un tema que, desde entonces, ha traído cola.

La influencia del presente

El presentismo nos sirve para reflexionar sobre el alcance y las limitaciones de la Historia. Hay autores que, al hablar de presentismo, se refieren a la influencia que el presente ejerce sobre cualquiera que escriba un relato histórico. Desde su punto de vista, el presentismo es inevitable y, en cierto sentido, necesario. Y dan tres argumentos.

El primero dice que el historiador no puede escapar del presente.

El segundo, que la Historia solo nos interesa en la medida en que afecta al presente y puede interpretarlo.

Y, el tercero, que los relatos históricos pretenden dirigirse a un público que vive en el presente. En este sentido, una de las cuestiones más polémicas del presentismo es la legitimidad del anacronismo, el uso de ideas o categorías contemporáneas para explicar el pasado. ¿Podemos hablar de España en el siglo XIII? Este es uno de los puntos que separan a los divulgadores de los historiadores. Mientras los historiadores investigan el pasado con la mayor objetividad posible, los divulgadores intentamos encontrar la mejor manera de hacernos entender por nuestro público.

Una de las cuestiones más polémicas del presentismo es la legitimidad del anacronismo

El presentismo como búsqueda

A veces, el presentismo lleva a buscar en el pasado vestigios de la actualidad para que sirvan de referente. Por ejemplo, Demócrito de Abdera habló de un universo compuesto por átomos. Era una idea filosófica que seguía la estela de Tales de Mileto, que, buscando la sustancia que daba origen a la materia, llegó a la conclusión de era el agua. Anaximandro dijo que era lo ápeiron. Anaxímenes, el aire. ¿Quién hubiera dicho que Demócrito se iba a llevar el gato al agua?

Cuando veintitrés siglos más tarde se descubrió el átomo, se desempolvaron las ideas de Demócrito. A nadie le importó que su intuición no tuviera ninguna influencia en el descubrimiento del átomo. En vez de intentar comprender el pensamiento de Demócrito, lo convertimos en el padre de la física moderna.

El Presentismo como juicio

La RAE define presentismo, en su segunda acepción, como “Proyección de los valores del presente en el pasado”. Se refiere al relato histórico que juzga el pasado a partir de criterios actuales para legitimar y/o glorificar el presente.

Juzgar el pasado con los valores dominantes del presente nos impide entenderlo en toda su complejidad. Comparar la censura de libros en la España de Felipe II con la de la Alemania nazi es un juicio presentista que no tiene en cuenta, por ejemplo, que, en el Siglo de Oro, no existía nada parecido al concepto de libertad de expresión, mientras que, en tiempos de Hitler era un derecho fundamental protegido en varios países.

Juzgar el pasado con los valores dominantes del presente nos impide entenderlo en toda su complejidad.

Condenar a Colón como responsable de un genocidio en América forma parte de un nuevo relato que parte de valores, creencias, ideologías, principios y conceptos del presente. Este nuevo relato no tiene en cuenta, por ejemplo, que el 12 de octubre de 1492 Europa no había salido todavía de la Edad Media, o que los aztecas esclavizaban a sus enemigos y los sacrificaban.

Siguiendo esta lógica, podríamos condenar al Imperio Romano como máquinas genocidas; despreciar a Newton porque no conocía la teoría de la relatividad; quemar el Quijote por estigmatizar a los enfermos mentales; o repudiar a Carlos V porque no lo eligieron democráticamente sus vasallos. La Historia nunca ha sido políticamente correcta.

Evaluar el pasado con los ojos del presente puede tergiversar y manipular la Historia.

Conclusiones

El relato histórico siempre ha sido un arma cultural de construcción masiva; una herramienta que nos permite trazar una ruta entre el pasado y el presente; que nos ayuda a entender quiénes somos, cómo pensamos o en qué creemos; que nos ofrece un marco de referencia y un modelo de identidad colectiva; que nos sirve para valorar nuestra relación con el tiempo.

Vivimos en un momento en que el presente lo envuelve todo, como una bestia insaciable que no deja de reemplazarse a sí mismo buscando la novedad. Esta supremacía del presente deja al pasado en desventaja.

El presentismo amenaza con destruir nuestra percepción del pasado.

El presentismo amenaza con destruir nuestra percepción del pasado, manipulándolo, reinterpretándolo, juzgándolo con los valores del momento o, sencillamente, ignorándolo.

Si el presentismo consigue salirse con la suya, el relato histórico podría dejar de servirnos para entender el mundo. Probablemente, ese es el verdadero peligro del presentismo. Lo más difícil del relato de la Historia es que debe narrar los hechos del pasado sin juzgarlos. Por eso, no nos queda más remedio que ser honestos con lo que escribimos, ejercer el pensamiento crítico con lo que leemos, cruzar los dedos y esperar a ver qué nos depara el presente.

No cometas el error de caer en el presentismo.